Biomímesis (de bio, vida y mimesis, imitar) es una ciencia relativamente nueva que estudia la naturaleza, sus modelos de sistemas, procesos y elementos que imitan o se inspiran en ella para solucionar problemas humanos.
La biomímesis es el término que más frecuentemente se usa en literatura científica e ingeniería cuando se quiere indicar el proceso de entender y aplicar [en diseño humano] a principios biológicos que subyacen de entidades biológicas en todos los niveles de organización.
Desde hace decenios, ecólogos como Ramón Margalef, H. T. Odum o Barry Commoner han propuesto que la economía humana debería imitar la “economía natural” de los ecosistemas. El concepto de biomímesis (imitar la naturaleza a la hora de reconstruir los sistemas productivos humanos, con el fin de hacerlos compatibles con la biosfera) recoge esta estrategia, y a mi entender le corresponde un papel clave a la hora de dotar de contenido a la idea más formal de sustentabilidad.
En la reconstrucción de los sistemas de producción imitando la “producción natural” de la biosfera se halla a mi entender la clave para sortear la crisis ecológica: los insostenibles metabolismos lineales han de transformarse en metabolismos circulares.
La naturaleza, “la única empresa que nunca ha quebrado en unos 4.000 millones de años” según el biólogo Frederic Vester, nos proporciona el modelo para una economía sustentable y de alta productividad. Los ecosistemas naturales funcionan a base de ciclos cerrados de materia, movidos por la energía del sol: ésta es su característica fundamental, si los contemplamos con “mirada económica”.
Se trata de una “economía” cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (que incluye, por ejemplo, el viento y las olas). En esta economía cíclica natural cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran. Por el contrario, la economía industrial capitalista desarrollada en los últimos dos siglos, considerada en relación con los flujos de materia y de energía, es de naturaleza lineal: los recursos quedan desconectados de los residuos, los ciclos no se cierran.
A partir de la biomímesis, del funcionamiento de los ecosistemas, podemos sugerir cinco principios básicos para la reconstrucción ecológica de la economía:
1. ESTADO ESTACIONARIO en términos biofísicos.
2. VIVIR DEL SOL como fuente energética.
3. CERRAR LOS CICLOS de materiales.
4. NO TRANSPORTAR DEMASIADO LEJOS los materiales.
5. EVITAR LOS XENOBIÓTICOS como COP (contaminantes orgánicos
persistentes), OMG (organismos transgénicos)…
6. RESPETAR LA DIVERSIDAD.
Es importante añadir un criterio más que no entraría dentro de la biomímesis: el principio de precaución, es decir, no llevar a cabo acciones de las que no se tengan claras las consecuencias.
Ciclos de materiales cerrados, sin contaminación y sin toxicidad, movidos por energía solar, adaptados a la diversidad local: ésta es la esencia de una economía sustentable. Cuando se trata de producción industrial, suele hablarse en este contexto de producción limpia.
El principio de biomímesis, por sí solo, no basta para alcanzar la deseada reconciliación entre sistemas humanos y naturales: pero en ningún momento hemos afirmado que bastase. Por el contrario, desde hace tiempo vengo subrayando que es el juego conjunto de varios principios (no sólo biomímesis sino también gestión generalizada de la demanda –o autocontención–, ecoeficiencia, etc.) lo que puede permitir avanzar hacia la sostenibilidad.



